Tu clon.
Por esas épocas, vos te encontrabas anclado a la estructura del tiempo, a la calma del orden, todo transcurría, mientras aun nadabas en el en el mar de la vida con los brazos del reloj. Por estas épocas, tan actuales y activas, en cambio vas a destiempo y sonreís al verte liberado, pero todavía no es en la basura donde se encuentra aquel reloj, lo conservás en el cajón, funcionando a oscuras. Quizás sea que te asusta la idea de que la madera donde flotas sin rumbo se desintegre en la oleada… de cualquier modo, tu reloj ya no nada para vos, es simultáneo, ya nada de vos por ese reloj. Con esto explico porqué es que no te permito ni uno de tus tonos para aquel.
Debería controlar la confusión entre tu fantasma y el mío, separar al tuyo del mío también debería intentar, porque tu mirada se encuentra distinta de aquella primera vez, en tu alrededor ya no existe más ese paisaje rosa, blanco y amarillo, en tu universo ahora se pinta mi ser expandido. Es a mi madera donde estás aferrado a través de la oleada de la vida. Puedo decir de manera firme y como pocas veces, que no siento miedo, creo (y con los ojos bien abiertos) en tu paso adelante, creo en que ya no te quedan dudas sobre tu andar, sé que estás seguro en tu camino hacia mi, más de mil millones de razones para no temer más, otras mil más para confiar, y otras millones para andar con vos. Todas ellas han conseguido que hoy duerma en paz y sobre tus latidos a mi dirigidos.

Insulsas, así terminaban resultándole sus pasiones, pero no solo pasaba con él, esto ocurrió con todos y cada uno de los tipos de su vida. Se volvía desapasionada y fría ante esas artes que antes la atraían, las mismas que la habían tentado a estar allí, frente y solo para ella.
Puede que funcionara como un veneno para arrancarse el
fracaso, talvez olvidaba la guerra cuando resultaba perdedor, ya en el caos final dormía tranquila. Cuando luego de unos años despetaba, el atrás se veía insulso, o solo su reflejo, por encontrarse ella ya desposeída de todo lo que la había capturado hasta la imaginación. Así el pasado a Renata se le volvía ajeno por distante, lo miraba indiferente, lo ignoraba por extraño a ella.
Si existía un problema, una falla del veneno, sin duda se trataba de aquel en donde el pasado despertaba por su voluntad, por sus ganas de saborear a Renata, cuando el ayer entraba a la habitación de hoy y zamarreaba las
ropas de la mujer que lo había resignado. Ahí terminaba la efectividad del veneno del olvido y la indiferencia que ella consumía para poder olvidar las guerras perdidas. Sin saber si por bien o por mal, los distintos bloques y pedazos del ayer, pocas veces la extrañaban tanto como para volver para despertarla; más aún si ya lo habían hecho anteriormente, resultaba que el precio de volver que el pasado a ella debía pagarle era la calma, la paz que se logra con su ausencia, en la mayoría de los casos era una estado de suerte lograr desapasionar a Renata.
Recortaba palabras de buen porte y sonido, agujereando revistas nuevas con algunas viejas confundidas, perdida en su laberinto de espejos, Renata jugaba con su arte. León intentaba arreglar la pésima imagen del televisor, como si en esta época fuese necesario mover la antena y luchar con la lluvia. Pensaba en su relación con el mundo, su modo de habitarlo y en las diferencias respecto a la perspectiva de Renata. Ella sufría lo insoportable que le resultaba su alrededor, él odiaba la mediocridad que sostenía este mundo. Para ella las cosas no eran buenas y eso, precisamente, era lo que mejor le sentaba, lo que aún la aferraba al infortunio de la vida común. Si ella estaba ahí, si ella estaba acá, siempre porque ahí y acá se lastimaba, aún siendo esto evitable.
Para León la historia era otra, este mundo era una bola gaseosa, olía a basura y sabía como tal, nada resultaba fiable, mucho menos conforme a sus deseos de certeza, de verdad, de decisión y lógica, sobre todo eso: para León este mundo carecía de racionalidad y se ahogaba en su estupidez. No tenía justificación y nada sin fundamento tenía para él, sentido de ser.
Probando distintos modos de posicionar un cable, León pensaba así sin reconocerlo, en la explicación de su asilamiento, sus andanzas escabullidas por la ciudad, sus escondites despoblados, en su atracción por atrincherarse con Renata, justamente con ella, tan ausente de este mundo, tan inasistente a la mesa comunal.
- ¿Es estúpido decirte que viajemos ahora y empecemos todo en un lugar desconocido, donde seamos más extraños de lo que ya somos aca?
- Ese televisor no va a funcionar, tenés que contratar un servicio si querés frivolidad. – Renata encendió un cigarrillo y dejó los recortes, cruzó las piernas y miró a León pensante – Puede que sea estúpido e infantil, o quizás sea algo transgresor y rebelde, de cualquier modo yo no tengo que empezar de cero, no voy en una “escalera al cielo”, yo me paseo por esta tierra de modo horizontal. Quiero decir, suene como suene, puede acompañarte.
Su caótica fachada se mostró levemente entusiasmada, sonreía a medias con su mirada desafiante, pero esta vez, además, se mostraba cómplice.
Renata sufría porque no entendía reglas de juego, no porque no las quisiera respetar, simplemente, (y a pesar de varias caídas), seguía desconociendo lo que era el tiempo, la espera y las partes lógicas de las interrelaciones. Actuaba como si realmente fuera la única habitante, y si es que otros existían, no entendía porqué se manejaban de modo distinto, porqué el mundo no funcionaba como ella, o al menos a su compás, y si no lo entendía, sin duda era porque jamás notó que había algo por fuera de su cabeza.
- Me voy a bañar, prepará un bolso, cuando salga nos vamos.
- ¿Inútil preguntar a dónde?
- Sí, inútil.
Dijo que fue pisado, pero aun debo pesarlo, no sabre si fue cierto, no interesa porque es la imaginación la que se siente real. Ni hago el intento de entender un “no sé”, cuando busco una respuesta, cuando estoy entregando un escenario, donde estoy esperando el circo. Será extremadamente pasional, o un eterno desquicio, de querer que todo sea rápido, para que cause más dolor, aunque se excuse por lo contrario. Miro al colchón desordenado, metáfora del suceso, disfraces del huracán. Podría levantarme y ordenarlo todo, hacer una llamada y cegarme para seguir por más, podría hacerlo todo como quisiera. Sigo haciendo lo contrario, me alejo en silencio y pienso, no es otra cosa la que quiero hacer, o serán solo más límites de la moral. Hará 20 minutos, todo era especial y distinto, brillaban miradas, se incendiaban pieles y olía a sonrisas por doquier, creíamos en eternidades, hasta hace unos momentos, vivíamos durmiendo soñándonos. El odio seria preferible a la compañía de la vida muerta, de las apagadas luces de lo único. “No es lo que había sido”, me repite insistente, corriéndome con su amor desesperado, como un niño sintiendo un cercano abandono, con los ojos temerosos por el espanto de los fantasmas. Se fue rogando un perdón sincero, pero a mi lo que me importa es que se fue, que no está acá, y que no ha vuelto para ordenar el metafórico colchón, ojala no supiera que lo sabe. Claro que le creo, creo en sus ojos, jamás miente el cuerpo ante el cuerpo, yo creo en que todo cambió desde aquel tiempo. Quisiera no conocer el ayer, olvidarme rápido de lo que firmemente debería no recordar, sombrear los eslabones descarrilados, los que faltan a la verdad de la historia, los que desobedecen a mis sueños. Escucho sus pasos, y sin embargo no dejo de sentir que no vuelve, y sin embargo no debería volver, y sin embargo yo no debería esperar que lo haga, y sin embargo no dejo de desearlo. Tampoco puedo evitar el olor a bazofia convencional, a leche de noche, a vuelo bajo y ese terrible pesar de las alas aceitosas.
Quedará en las sombras, con la melancolía a cuestas y mi dolor raspándole los tobillos. Pensará en volver, en hacerlo distinto, soñará el perdón, el mio, el de otra; más querrá el de él, y ninguno tendrá. Mañana lo volverá a intentar, otra vez desde el principio, convencido de que podrá estar, aunque se lo crea, aunque lo invente, no hay cambio, no. A la noche el cenicero, el techo, la música, y mi sonrisa romperá su garganta, llenandola de cemento, hechas cristales despedazados mis palabras. En su pecho el remordimiento, en lugar de mi cara; donde ayer estaba mi piel estará el aire, el aire denso del olvido. Vicios y sin nombres, luces, sonidos altos, itinerarios sobrecargados, proyectos ambiciosos, nuevas curvas, y sin embargo, mi lugar será espacio vació y acuchillante, puro pesar. Querrá lo que no tiene, por extrañar lo que perdió, dejará ir lo que quiso ser de su pertenencia, que ya no tiene, que ya no espera, que ya no vuelvo.
Fin. Empezar por el final, contando todo, pero desde acá, desde este lugar, desde este último momento vivido con este vestuario, desde este cuarto llamado “fin”. Talvez otra vez, sea solo un espejismo del final, o solo capítulos de mi autoría, agregados después de un ya viejo final. Había salido de la historia, estaba en otra nueva y cálida habitación, pero no pude evitar tentarme con mirar un poco, sólo asomarme, solo relojear atrás, así reaparecí en su vida, así lo volví a sentir presente en la mía. En realidad, a pesar de que él no está hace rato, yo lo tengo, cargo a diario con sus recuerdos, sus pisadas recorren mi mente, y lo busco en muchos lados. Entonces, lo encontré vivo de nuevo, acudiendo a mi grito, calmando mis patadas en su puerta, me volvió a mirar directo a los ojos y suavemente, desnudó el final. Todavía no sé si curó mis heridas, si me vino a buscar, o si solo me pidió disculpas por pedirme que me retire. Antes de mirar atrás, antes de cometer ese acertado delito, mientras domaba sus tormentos, vivía casi completamente en paz. Estoy construyendo, construyo con libertad, con ternura, con calor, con sinceridad, construyo con el cuerpo, construyo sintiendo, construyo lo que quiero. Construir... después de haber muerto por un largo tiempo. Así es, antes de poder construir, me encontraba fuera del mundo, dentro de mí, fuera del tiempo, escondida en el encierro. Es que él ya me habia desnudado el fin, quizás fue demasiado sutil. Pero aunque no lo viera real, lo vivencié con el cuerpo, desde ahí empecé a sentir. Desde el día en que lo conocí, pensé en él, pienso en él, pero desde aquel final, sólo percibido por mi piel, empecé a sentir, empecé a vivir todo aquello que habíamos hecho, todo aquello que yo sólo había pensado. Por sólo haber pensado, no puedo ir más atrás, más hacia el principio, como si me diese cuenta de que la historia empieza acá.

- Bailen, Putos! dice:
yo estoy desesperada
- Bailen, Putos! dice:
onda re sacada x la pc
- Bailen, Putos! dice:
amo esta adiccion del orrrrrrrrto
- Bailen, Putos! dice:
y ser libre no me lo permite°!!!!
- Bailen, Putos! dice:
ah re
- Bailen, Putos! dice:
ajaja
- Bailen, Putos! dice:
ahora voy a tener pc !
- Bailen, Putos! dice:
pero dentro de un tiempo, xq onda... primero hay q arreglarla, dsp ponerle internet, y recien ahi, volver a enviciarme
- Bailen, Putos! dice:
hasta llegar al punto de ser un ASCO, y decir: BUENO, ES HORA DE SALIR AL EXTERIOR.
un guión que se repite a diario, conformando así, mi vida.

El sol es el centro del universo, pero inmóvil. Entonces, tengo que salir a buscarlo, ó tengo q esperar a q lo merezca. Esperar siempre fue más difícil, prefiero reírme, prefiero caminar.