
Exactamente eso, e intentando asegurarnos de que es certero, y sobretodo correcto, dirigirnos con respeto, porque es así como marcamos la línea limítrofe con otros, nuestro respeto nos separa.
Si nos insultamos nos invadimos, o capaz solo nos estamos acercando mucho más, porque ahí ya no existe el juicio que nos aleja. Claro que no toda escena irrespetuosa es digna de hacernos perder distancia, pero el odio es el condimento secreto para no poder ser indiferente y que todo
intento de conservar la moral resulte fallido.
Es cuando deseamos despedazarnos, arrancarnos los ojos mutuamente, como queriendo no ver lo terriblemente alienados que nos encontramos, intentando no mirar ni dejar que miren lo que puede verse de tan cerca. Justamente, cuando más nos odiamos nos encerramos en un nosotros, como cuando no podemos salir de casa. Es por esto que elijo más nada por el respeto, y más todo a la verdad. Ya tuvimos nuestras clases de catecismo, nuestra hermosa fantasía del amor al otro, ya no hace falta que simulemos nuestra buena disposición.intento de conservar la moral resulte fallido.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario