Enorscada
Enorscada

La Reina sus manjares le brindó, el más confortable lecho le preparó, las más armoniosas poesías le cantó, sus mejores vestidos le obsequió para que la despreciable mendiga corra por las sombras gritando que ella los diseñó. Una cobarde que embriagó de lealtad, una torpe que no dio cuenta de lo víbora que resultaría su Majestad. De víctima indefensa le convenía seguir actuando, porque de tanto joder, a la jueza puso histérica, y después de un buen baldazo, la encadenó a la silla eléctrica. Una escolta de bandera pirata que por la proa el capitán tuvo que empujar. Mordió la mano y ahora el amo la va a enroscar, la va a marear, la va a rodear y sola como un perro se va a derrumbar. Una putita con poca calle se enamoró de quien dijo ser ventaja, se durmió y a destiempo la Madama a latigazos y sin navaja tiró su cuerpo a la zanja. Una pequeña pulga que demasiado alto saltó, tanto y tanto que al gato fastidió, quien de un solo zarpazo la atravesó. Fue muy poco astuta su traición, se intentó erguir y así perdió la protección, ahora la reina goza de verla perdida en su desesperación. Así desterrada de las profundas tinieblas anda dando pena en las puertas de un vulgar y soleado palacio, busca auxilio porque necesita ampararse del sadismo de su artífice. Tanta ingratitud sangró la herida en la deslumbrante Creadora, su ira avivó a penas dio cuenta de su equivocación, se desenterró el puñal del pecho y esto escribió.

Te esforzaste en vano, le dije, no vas a entender que por más rápido que corras, jamás vas a volar. Vas a creer porque vas a ver que nada podrás hacer para devolverme al lugar desde el que te engañé. Solo victimizarse a cambio de poder. Así te engañe, sin uñas ni colmillos. Un corderito que ató al lobo. Es que este ingenio mató tu investigación por curiosidad. Esta vez el gato te engaña fingiendo temor y debilidad, (que astuto!). Una linda trampera te fabricó el ratón. Es que no sabe de viejo, sabe de prueba con él como error. Desobedecí a aquel que pedía seguir siendo engañado. Lastimé su poder mostrándole quién soy (no se come todo de un bocado). No quise suturar su herida, y en afán de mi verdad clavé más profundo mi puñal. Intenté que digiera él mismo, lo que no podía dirigir, pero no hubo caso. Hasta que le tuve que susurrar al oído: “no busques en mi una dama que yo solo soy de compañía”. Se dio cuenta, Julieta se tiró del balcón, no le quedó otra que convertirse en perseguidor, porque ella a Romeo ya lo pateó. Pero claro!, el que sabe la padece disfrutando la negación. Así que le di tiempo para que junte de a poco sus cosas, se sacuda un poco los buenos momentos y se largara. Exigí que antes de cerrar la persiana por última vez me arranque el escudo de un golpe y me grite: “Fuiste una buena compañía, pero yo te quería dama”. Claro que no lo hizo, nunca pudo regalarme una buena canción de su autoría. Después de eso se fue. Sí, se fue sin haberme explicado porqué es que nos gusta tanto el engaño.