"El dialéctico tiene en sus manos un instrumento implacable: con él puede ejercer la tiranía; al que vence lo deja en entredicho, porque obliga a su adversario a tener que probar que no es un idiota; enfurece a los demás, y a la vez les niega toda ayuda. El dialéctico reduce el intelecto de su adversario a la impotencia."
Recortaba palabras de buen porte y sonido, agujereando revistas nuevas con algunas viejas confundidas, perdida en su laberinto de espejos, Renata jugaba con su arte. León intentaba arreglar la pésima imagen del televisor, como si en esta época fuese necesario mover la antena y luchar con la lluvia. Pensaba en su relación con el mundo, su modo de habitarlo y en las diferencias respecto a la perspectiva de Renata. Ella sufría lo insoportable que le resultaba su alrededor, él odiaba la mediocridad que sostenía este mundo. Para ella las cosas no eran buenas y eso, precisamente, era lo que mejor le sentaba, lo que aún la aferraba al infortunio de la vida común. Si ella estaba ahí, si ella estaba acá, siempre porque ahí y acá se lastimaba, aún siendo esto evitable.
Para León la historia era otra, este mundo era una bola gaseosa, olía a basura y sabía como tal, nada resultaba fiable, mucho menos conforme a sus deseos de certeza, de verdad, de decisión y lógica, sobre todo eso: para León este mundo carecía de racionalidad y se ahogaba en su estupidez. No tenía justificación y nada sin fundamento tenía para él, sentido de ser.
Probando distintos modos de posicionar un cable, León pensaba así sin reconocerlo, en la explicación de su asilamiento, sus andanzas escabullidas por la ciudad, sus escondites despoblados, en su atracción por atrincherarse con Renata, justamente con ella, tan ausente de este mundo, tan inasistente a la mesa comunal.
-¿Es estúpido decirte que viajemos ahora y empecemos todo en un lugar desconocido, donde seamos más extraños de lo que ya somos aca?
-Ese televisor no va a funcionar, tenés que contratar un servicio si querés frivolidad. – Renata encendió un cigarrillo y dejó los recortes, cruzó las piernas y miró a León pensante – Puede que sea estúpido e infantil, o quizás sea algo transgresor y rebelde, de cualquier modo yo no tengo que empezar de cero, no voy en una “escalera al cielo”, yo me paseo por esta tierra de modo horizontal. Quiero decir, suene como suene, puede acompañarte.
Su caótica fachada se mostró levemente entusiasmada, sonreía a medias con su mirada desafiante, pero esta vez, además, se mostraba cómplice.
Renata sufría porque no entendía reglas de juego, no porque no las quisiera respetar, simplemente, (y a pesar de varias caídas), seguía desconociendo lo que era el tiempo, la espera y las partes lógicas de las interrelaciones. Actuaba como si realmente fuera la única habitante, y si es que otros existían, no entendía porqué se manejaban de modo distinto, porqué el mundo no funcionaba como ella, o al menos a su compás, y si no lo entendía, sin duda era porque jamás notó que había algo por fuera de su cabeza.
-Me voy a bañar, prepará un bolso, cuando salga nos vamos.