5.11.08

Mi Correspondencia no correspondida (ni respondida)






A veces pienso que las explicaciones son para los que no entienden, otras considero que lo
implícito es para los cobardes. Llamo "cobardes" a esos que vos llamas "no van de frente",
hablamos de lo mismo, pero yo prefiero la armonía. Me pregunto si seré lo que intento ser, o si solo soy lo que puedo, mientras imagino que reflejo lo que quiero ser; me respondo que no sé lo que soy, no sé lo que me das y no sé lo que doy. Irónicamente, alrededor solo crece lo que no veo
que doy, reniego con la excusa de que es lo que me toca; es lógico... nadie acepta lo que no quiere ver.
Aprendí a caminar firme solo emanando hielo, seguro porque el frío es mi hábitat, no encuentro dónde pisar cuando el clima es cálido, comienzo a sentir algo así como... como... miedo. Hasta me
cuesta pronunciar esa palabra tan cargada de mi: miedo. Me tomó un tiempo importante el entender porqué no entiendo al miedo, pero por suerte para mi autodestrucción, soy necia, así que con un poco de masoquismo concluí que he desterrado a la palabra miedo de mi vocabulario, o al menos la cambié por la palabra LUCHA. Será que cuando uno se maneja a los golpes no entiende de cobardías, o será que cuando la fuerza es tan porfiada solo sabe arrazar. Todo va bien mientras uno no descubra que siente miedo. Ojo! no todos le temen al miedo, te aseguro que he tenido la desagradable experiencia de conocer y convivir con "personas" (lo pongo entre comillas porque no puedo dimensionar la idea de que sean de misma especie) que viven gracias al miedo, se refugian en la debilidad y así engañan a los fuertes. Siempre pensé que esa gente era inofensiva, ahora considero que son unos hipócritas, nocivos sin escrúpulos, a los que solo se derrota con un arma: la honestidad.
Nuevamente me descubro esquivando, evitando a mi salvajismo (que solo juega para, por y contra mi) que no para de deicrme: "estás siendo mediocre, estás siendo cobarde". Tengo una parte completamente suicida, no suele atacar mi cuerpo, se deleita con mi mente, se alimenta de mis impulsos. Enfrentada a esa parte está mi lado estratégico, lucha por sobrevivir, piensa, evalúa, se conserva, se cuida y sobre todo se dedica a prevenir. Estas partes de mi no se suelen molestar entre sí, cada una hace lo que le corresponde dónde le corresponde. Las dos bajo mi ilusorio mando; primero analizo la situación, luego decido cuál de las partes manejará dicha situación. Así logre lo quise, y lo que no logré fue porque no lo quise del todo. Ahí apareció mi
salvajismo: "dejá de marearlo, solo evadís de vos misma a tus propios miedos".
Bien, a los hechos. Mis dos partes, la suicida y la estratega, se han entrometido en el mismo asunto, no he llegado a la conclusión del análisis de la situación, no estoy mandando (ni siquiera como mentira), y ninguna de mis partes quiere abandonar la lucha por el timón. ¿Qué es lo que siento? Miedo. ¿Qué hago yo con los cobardes que se resguardan tras el miedo? Lleno las palmas de mis manos con honestidad y les agrieto las mejillas de sus enmascarados rostros. Entonces, sin piedad, debería hacer lo mismo conmigo. Es difícil enfrentarse a un guerrero que solo avanza cuando no teme destruir, es difícil reconocer que ese guerrero soy yo. Tengo que aniquilarme con la verdad, para vencer los miedos y aprender a caminar donde no hiela. pero lo extraño es que tengo que mostrar lo que considero debilidades para volverme fuerte. O solo dejar de considerarlas debilidades y llamarlas sentimientos.
Me saturó el escape, me cansé de la huída, detesto la lucha entre mis partes, la lucha silenciada que cada vez que se le antoja hacer un poquitito de ruido, me perturba y enloquece. Fuiste testigo de los distintos accionares de mis muy diferentes partes, capáz sospechaste la existencia
de una lucha entre ellas, pero como jamás lo hicimos verbal, me intenté convencer de que no se hacía evidente. Por esa razón, silenciaba la batalla y continuaba a los zigzagueos, una caricia y un
zarpazo, dependiendo de cuál de las partes ocupaba el trono de la situación. Anoche pensé en que
tu accionar dependía del mío, es decir, a cada zarpazo mío respondías con uno tuyo, lo mismo con
las caricias, todo como en una misma bolsa, todo como encubierto.

Bajo la guardia, y muy en serio te digo que te quiero, que tengo ganas de jugar con vos a no atarnos pero a tenernos, sin miedo, jugar sin reglas, sin saber a qué jugamos. Hoy me quedo o me
voy, pero no me silencio nunca más, hoy me aflojo, hoy doy eso a lo que temo, doy mis brazos sin cadenas. No interesa mi elección, ya convertí esto en una historia, por vez primer sin histeria y
mostrando lo que soy desde el minuto inicial. Estuve cuidándome de que me maten, me estuve
cuidando de morir, hasta que dejé de sentirme viva por miedo a sentir.
Como verás, y para concluir, detesto la cursilería formal, y no me brotan con facilidad las
palabras sentimentales, pero cuando quiero entrego MI forma de ternura; detesto los compromisos de estar, pero siempre que quiero me gusta acompañar; detesto la normalidad y me entrego a la diferencia cuando hay materia prima para crear; detesto el asfixio pero por esta vez salgo de mi escondida soledad para invitarte a más; detesto las novias y solo sirvo para fiel cómplice. Confío en mi parte suicida, confío en mí, y con esto basta.

"Todas las verdades silenciadas acaban por destilar veneno" F. Nietzsche.

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