Por esas épocas, vos te encontrabas anclado a la estructura del tiempo, a la calma del orden, todo transcurría, mientras aun nadabas en el en el mar de la vida con los brazos del reloj. Por estas épocas, tan actuales y activas, en cambio vas a destiempo y sonreís al verte liberado, pero todavía no es en la basura donde se encuentra aquel reloj, lo conservás en el cajón, funcionando a oscuras. Quizás sea que te asusta la idea de que la madera donde flotas sin rumbo se desintegre en la oleada… de cualquier modo, tu reloj ya no nada para vos, es simultáneo, ya nada de vos por ese reloj. Con esto explico porqué es que no te permito ni uno de tus tonos para aquel.
Debería controlar la confusión entre tu fantasma y el mío, separar al tuyo del mío también debería intentar, porque tu mirada se encuentra distinta de aquella primera vez, en tu alrededor ya no existe más ese paisaje rosa, blanco y amarillo, en tu universo ahora se pinta mi ser expandido. Es a mi madera donde estás aferrado a través de la oleada de la vida. Puedo decir de manera firme y como pocas veces, que no siento miedo, creo (y con los ojos bien abiertos) en tu paso adelante, creo en que ya no te quedan dudas sobre tu andar, sé que estás seguro en tu camino hacia mi, más de mil millones de razones para no temer más, otras mil más para confiar, y otras millones para andar con vos. Todas ellas han conseguido que hoy duerma en paz y sobre tus latidos a mi dirigidos.

