9.1.10

Do you?

¿Recordás la primera de las veces en q encontramos en la mirada del otro, aquel lugar donde sentirnos amados? No es la memoria una de mis cualidades, pero logro recordar a la perfección tu voz haciendo lo que hasta hoy hace conmigo, envolviéndome, disponiéndome cómodamente entregada. ¿Habrás guardado en alguno de tus rincones esa grabación de imágenes y sonidos nuestros? Por mi parte, ellos hacen que mire al costado, y que cada vez que lo haga te encuentre a mi izquierda, con los brazos abiertos, con el rostro enamorado.

Por esas épocas, vos te encontrabas anclado a la estructura del tiempo, a la calma del orden, todo transcurría, mientras aun nadabas en el en el mar de la vida con los brazos del reloj. Por estas épocas, tan actuales y activas, en cambio vas a destiempo y sonreís al verte liberado, pero todavía no es en la basura donde se encuentra aquel reloj, lo conservás en el cajón, funcionando a oscuras. Quizás sea que te asusta la idea de que la madera donde flotas sin rumbo se desintegre en la oleada… de cualquier modo, tu reloj ya no nada para vos, es simultáneo, ya nada de vos por ese reloj. Con esto explico porqué es que no te permito ni uno de tus tonos para aquel.

Debería controlar la confusión entre tu fantasma y el mío, separar al tuyo del mío también debería intentar, porque tu mirada se encuentra distinta de aquella primera vez, en tu alrededor ya no existe más ese paisaje rosa, blanco y amarillo, en tu universo ahora se pinta mi ser expandido. Es a mi madera donde estás aferrado a través de la oleada de la vida. Puedo decir de manera firme y como pocas veces, que no siento miedo, creo (y con los ojos bien abiertos) en tu paso adelante, creo en que ya no te quedan dudas sobre tu andar, sé que estás seguro en tu camino hacia mi, más de mil millones de razones para no temer más, otras mil más para confiar, y otras millones para andar con vos. Todas ellas han conseguido que hoy duerma en paz y sobre tus latidos a mi dirigidos.




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- no todo el mundo se maneja a tu manera.
- deberían.

Mas nada al respeto


Exactamente eso, e intentando asegurarnos de que es certero, y sobretodo correcto, dirigirnos con respeto, porque es así como marcamos la línea limítrofe con otros, nuestro respeto nos separa.
Si nos insultamos nos invadimos, o capaz solo nos estamos acercando mucho más, porque ahí ya no existe el juicio que nos aleja. Claro que no toda escena irrespetuosa es digna de hacernos perder distancia, pero el odio es el condimento secreto para no poder ser indiferente y que todo
intento de conservar la moral resulte fallido.
Es cuando deseamos despedazarnos, arrancarnos los ojos mutuamente, como queriendo no ver lo terriblemente alienados que nos encontramos, intentando no mirar ni dejar que miren lo que puede verse de tan cerca. Justamente, cuando más nos odiamos nos encerramos en un nosotros, como cuando no podemos salir de casa. Es por esto que elijo más nada por el respeto, y más todo a la verdad. Ya tuvimos nuestras clases de catecismo, nuestra hermosa fantasía del amor al otro, ya no hace falta que simulemos nuestra buena disposición.






8.1.10

Desnudo

La desesperación como desborde de una pasión desordenada, un torbellino violento volando las imágenes del alrdedor. Le resulta imposible mantenerse vestido ante el atropello policial del adiós crudo y la distancia que ella le dispara. Es que a la manera que más caro le costó aprendió a despedirlo desnuda, dejándolo en iguales condiciones.
La ilógica de la necesidad fue la razón, lo dejó consumirse ante sus ojos al último centímetro de esa vela, donde la pequeña llama se aferraba al cordón por no ahogarse. El se mantuvo quieto viéndola morir, solo por miedo a no volver a mirarla, con la locura de verla consumida. Su desesperación no sabe conducirlo al lado del sin temor, mucho menos logra mostrar la calma, y aún así, con ella se permitió mostrar la verdad, liberó su odio al dolor, para llevarlo a sufrir, y a su vez, a arriesgar por única y última vez, su máscara de indiferencia.

Ojalá los olvide



Insulsas, así terminaban resultándole sus pasiones, pero no solo pasaba con él, esto ocurrió con todos y cada uno de los tipos de su vida. Se volvía desapasionada y fría ante esas artes que antes la atraían, las mismas que la habían tentado a estar allí, frente y solo para ella.

Puede que funcionara como un veneno para arrancarse el

fracaso, talvez olvidaba la guerra cuando resultaba perdedor, ya en el caos final dormía tranquila. Cuando luego de unos años despetaba, el atrás se veía insulso, o solo su reflejo, por encontrarse ella ya desposeída de todo lo que la había capturado hasta la imaginación. Así el pasado a Renata se le volvía ajeno por distante, lo miraba indiferente, lo ignoraba por extraño a ella.

Si existía un problema, una falla del veneno, sin duda se trataba de aquel en donde el pasado despertaba por su voluntad, por sus ganas de saborear a Renata, cuando el ayer entraba a la habitación de hoy y zamarreaba las

ropas de la mujer que lo había resignado. Ahí terminaba la efectividad del veneno del olvido y la indiferencia que ella consumía para poder olvidar las guerras perdidas. Sin saber si por bien o por mal, los distintos bloques y pedazos del ayer, pocas veces la extrañaban tanto como para volver para despertarla; más aún si ya lo habían hecho anteriormente, resultaba que el precio de volver que el pasado a ella debía pagarle era la calma, la paz que se logra con su ausencia, en la mayoría de los casos era una estado de suerte lograr desapasionar a Renata.