Quedará en las sombras, con la melancolía a cuestas y mi dolor raspándole los tobillos. Pensará en volver, en hacerlo distinto, soñará el perdón, el mio, el de otra; más querrá el de él, y ninguno tendrá. Mañana lo volverá a intentar, otra vez desde el principio, convencido de que podrá estar, aunque se lo crea, aunque lo invente, no hay cambio, no. A la noche el cenicero, el techo, la música, y mi sonrisa romperá su garganta, llenandola de cemento, hechas cristales despedazados mis palabras. En su pecho el remordimiento, en lugar de mi cara; donde ayer estaba mi piel estará el aire, el aire denso del olvido. Vicios y sin nombres, luces, sonidos altos, itinerarios sobrecargados, proyectos ambiciosos, nuevas curvas, y sin embargo, mi lugar será espacio vació y acuchillante, puro pesar. Querrá lo que no tiene, por extrañar lo que perdió, dejará ir lo que quiso ser de su pertenencia, que ya no tiene, que ya no espera, que ya no vuelvo.
Fin. Empezar por el final, contando todo, pero desde acá, desde este lugar, desde este último momento vivido con este vestuario, desde este cuarto llamado “fin”. Talvez otra vez, sea solo un espejismo del final, o solo capítulos de mi autoría, agregados después de un ya viejo final. Había salido de la historia, estaba en otra nueva y cálida habitación, pero no pude evitar tentarme con mirar un poco, sólo asomarme, solo relojear atrás, así reaparecí en su vida, así lo volví a sentir presente en la mía. En realidad, a pesar de que él no está hace rato, yo lo tengo, cargo a diario con sus recuerdos, sus pisadas recorren mi mente, y lo busco en muchos lados. Entonces, lo encontré vivo de nuevo, acudiendo a mi grito, calmando mis patadas en su puerta, me volvió a mirar directo a los ojos y suavemente, desnudó el final. Todavía no sé si curó mis heridas, si me vino a buscar, o si solo me pidió disculpas por pedirme que me retire. Antes de mirar atrás, antes de cometer ese acertado delito, mientras domaba sus tormentos, vivía casi completamente en paz. Estoy construyendo, construyo con libertad, con ternura, con calor, con sinceridad, construyo con el cuerpo, construyo sintiendo, construyo lo que quiero. Construir... después de haber muerto por un largo tiempo. Así es, antes de poder construir, me encontraba fuera del mundo, dentro de mí, fuera del tiempo, escondida en el encierro. Es que él ya me habia desnudado el fin, quizás fue demasiado sutil. Pero aunque no lo viera real, lo vivencié con el cuerpo, desde ahí empecé a sentir. Desde el día en que lo conocí, pensé en él, pienso en él, pero desde aquel final, sólo percibido por mi piel, empecé a sentir, empecé a vivir todo aquello que habíamos hecho, todo aquello que yo sólo había pensado. Por sólo haber pensado, no puedo ir más atrás, más hacia el principio, como si me diese cuenta de que la historia empieza acá.

- Bailen, Putos! dice:
yo estoy desesperada
- Bailen, Putos! dice:
onda re sacada x la pc
- Bailen, Putos! dice:
amo esta adiccion del orrrrrrrrto
- Bailen, Putos! dice:
y ser libre no me lo permite°!!!!
- Bailen, Putos! dice:
ah re
- Bailen, Putos! dice:
ajaja
- Bailen, Putos! dice:
ahora voy a tener pc !
- Bailen, Putos! dice:
pero dentro de un tiempo, xq onda... primero hay q arreglarla, dsp ponerle internet, y recien ahi, volver a enviciarme
- Bailen, Putos! dice:
hasta llegar al punto de ser un ASCO, y decir: BUENO, ES HORA DE SALIR AL EXTERIOR.
un guión que se repite a diario, conformando así, mi vida.

El sol es el centro del universo, pero inmóvil. Entonces, tengo que salir a buscarlo, ó tengo q esperar a q lo merezca. Esperar siempre fue más difícil, prefiero reírme, prefiero caminar.

Pronto cuando no esté en este lugar
donde nací, donde no aprendí a vivir,
te vas a acordar de mí.
Perdón si alguna vez
no me di cuenta y no estabas contenta
tampoco estuve ahí
no te vi otra vez.
Y ciego, ciego, no supe ver
sordomudo y sin aliento
y en el viento me perdí,
me volé, me fui volando.
Volando a donde nunca se vuelve sin volar
pero no sé volar,
ni sé manejar
ni me sé controlar.

Tiempos de encierro, caminando entre los espejos de la tristeza, qué fría se siente la multitud cuando algo se derrumba en el baúl de los lazos.
Un pecho presionado, se siente cómo la ansiedad de un misterio empuja desde el estómago, dándote ganas de correr, sin embargo la lanza manchó de sangre la brújula.
La mente se vuelve gritona, callando el murmullo del asfalto, apagando las sombras que giran en derredor, pensamientos turbios que no respetan el bienestar, pensamientos turbios que quisieras silenciar.
Tan desierta de sonrisas, la cara ausente de tanta desolación, solo pisas veredas, tan pesadas las pisadas de la frustración.
Es que las ilusiones tiemblan ante un leve soplido, son frágiles y tan fáciles de matar.
Preguntas sin escrúpulos, respuestas sin piedad, no sirven las soluciones, esta vez se necesita un antídoto para las reflexiones, que como hienas se devoran tu paz.
¿Para qué despotricar, si finalmente terminará?
El ruido de la vida se ve tan mudo, como si tu silencio aullara, como si tu dolor se derramara por la mirada, siempre ciega cuando se terminó eso que estabas por comenzar.
Será cuestión de decisiones, aunque ya no sepas de qué son estas riendas, habrá que salir a buscar, habrá que esperar, habrá que hacerse cargo de este derrumbe.
Todo como un boomerang, tantos minutos de risas y flores, se cobran con tantos minutos de lágrimas y tumbas, como un circulo, como el amor y el odio, como la alegría y la tristeza, arriba o abajo, siempre terminando.

Tu voz retumba en mi cabeza, seguro porque hace mucho que no te escucho, no quisiera querer dejar de oírte, como si todavía existiría el “no pasó tanto”. Pasó tanto que a tu perfume lo olvidé, al igual que tu piel, un poco más quizás. Con tus ojos me veo seguido, con ellos me critico, con ellos me perfecciono. Sin embargo cuando miro tus ojos, cuando me los encuentro con los míos puestos, los piropeo, les digo que son ojos muy cálidos; siempre que termino de decirlo, los beso y me voy pensando en ellos. Hasta que vuelvo a buscarlos, o simplemente los encuentro junto a mi, como custodiándome, como si quisieran hacerme creer que vos todavía andas por acá, como si quisieran hacerme creer que no te olvidé. Ya no les creo nada, son solo ojos presumidos, solo me acerco a ellos cuando tienen alguna utilidad, de lo contrario prefiero el exilio. Tus partes, o solo las que recuerdo, cuelgan a mi alrededor, entre otras partes, que no son tuyas, tampoco mías, son otras que también robé. A tu boca la besaría en cada uno de mis recorridos, recorridos lentos hacia otras partes, unos brazos que encontré, unos brazos que robé. En mi trinchera, pero sin olvido, están tus manos, entre bocas que robé por piedad, una cortesía de mi parte para los que no me mostraron alguna utilidad. Con tus manos me divertí, también me escondí, pero demasiado abajo, me llegó a dar fobia salir de allí, su utilidad se hizo necesidad, y la necesidad jamás será servidumbre. Por eso mejor dejarlas en el sótano, hay que protegerse de la protección ajena, te hace creer que vos solo no podes. Temblando paso por tu cuello, está en cada esquina de la habitación de mis tentaciones, tiemblo porque siento miedo de mis tentaciones, me suenan a juegos de poder, los reconozco y les temo. En la habitación de mis tentaciones, todas las partes robadas que cuelgan ahí son perfectamente suaves, hermosas, delicadas, partes que tanto me gusta lamer. Hace un tiempo voy una vez por semana a ese paraíso, los jueves paso a oler una delicia, una sangre violenta que me encanta beber. Me estuve entreteniendo tanto emborrachándome con esa bebida ardiente, que olvidé que no te quería olvidar, o quizás olvidé que te quería esperar. Una última confesión, la última verdad: aunque me divierta, tiemble, sienta, beba, sufra, sonría, vuele, huela, salte, salga, vuelva, grite, parezca, escape, entre tus partes colgadas, entre mis pertenencias robadas… solo espero al hijo de mi soledad.
Entre la sangre de mis sueños acolchonados, mis alas negras quedaron por el piso, un cuervo de alas mojadas me volví. Pecados sin culpas cayendo sobre mi lomo, como un pasado, como el fin del vuelo. Victima sin asesino ni ladrón, mendigando calmantes, escupiendo a la piedad, sigo siendo victima aunque ya no sé de qué. Negando el perdón, existe el delito, sigo sin encontrar la paz que implica culpar y castigar, he olvidado responsabilizar al exterior. Alimenté tus bestias solo porque son tus virtudes, solo porque son tuyas, solo por respeto. Como un personaje de cartón volteado por un débil soplido, siempre engañando al enemigo, perdiendo el tiempo en disfraces, como una roca debí continuar siendo. Quiero volver a ser un cuervo negro de garras cizañeras para atacar antes de temer. Pasaré largos ratos en la oscuridad y el silencio, un autismo sanador me dará el tiempo necesario, un autismo sanador congelará el incendio y quemará el derrumbe. Otra vez mi soledad me interroga por despecho, tan irónica me pregunta porqué la abandoné, tan inteligente me asegura que muy mal elegí. Sus caricias son heladas pero sus soplidos fríos me refugian del engaño y los teatros de lograr imposibles, de creerse dignos de abandonarla, de confiar que ya no estamos solos. Habiendo caminado entre la bazofia de las mentiras, hubiera preferido seguir en el ataúd a sentirme agitada de tanto pulso, de tanta electricidad. Mis peores modales se sienten defraudados, solo quedó mi esencia de niña lastimada por sus propias ilusiones de dejar de serlo.
Será Mejor Así.

Han ido girando lentamente, encimándose unas a otras, todas a su tiempo, moviéndose a favor de esta simbiosis de lejanía, las piezas del mundo se han acomodado para nosotros. Como si el azar haya ido besando cada minuto, cada paso mío por el mismo recorrido hasta tu puerta, cada camino de tus pupilas hasta las mías, cada sonrisa que nos recupero la alegría, una nueva risa. Como si el azar hubiese acariciado esta partida, como si el azar nos haya enfrentado los cuerpos. Las esquinas fueron haciéndonos doblar, el viento fue soplando para esta dirección, cada una de las jugadas, cada silencio y cada pausa. Los desencuentros necesarios, cada uno de nuestros actos desencadenaron a nuestro hoy, hay un hoy nuestro, hay un hoy y hay un nuestro gracias al complot de nuestras ganas. Rebobinando los capítulos, como despegándonos de nosotros mismos para verlos actuar de espectadores, uno puede percibir cómo es que todo sucedió para que ayer desencadene un mañana, como hoy producirá ahora tu insinuante sonrisa. Puedo ver mi imagen, una de silencio, como de reflexión, como una imagen calma producida por una batalla de pensamientos alborotando las voces interiores, haciéndose escuchar, una imagen que hoy puede ser que se repita, pero muy distinta será lo que desencadene. Porque cada movimiento es el indicado, en el minuto exacto donde debía realizarse, un desplegar a la hora justa, un despertar a tiempo. Seguir sin darse cuenta cómo es que vamos manobrando la dirección para donde queremos, sin notar que el azar esta a favor de nuestra elección. Es necesario conocer nuestra voluntad para asegurarnos el poder de elegir y mandar. Perfecta sensación de sentarse a mirar en el aire partes de una historia teniendo ganas de un “otra vez”, tranquilidad de no sentir arrepentimiento por haber entrado aun sin saber si era la mejor de las puertas abiertas. Calida corriente que se transporta por la sangre al pasear por fotografías mentales de una trama que fuimos eligiendo, siempre sin obligación de compra, hoy tenemos una colección de satisfacciones y tranquilidades brindadas por estar donde se quiere. Sin calcular, sin prevenir, el mundo se organiza, sin confesarlo se han ensamblado donde debían las células del universo, una buena señal de lo bien que encajamos.

No me des el poder de castigarte
esta vez no quiero lastimar
estás a tiempo de escapar
de las garras de mi locura
busco súbditos que me quieran adorar
no te vayas a arrodillar
porque me apodero de tu libertad
y no me permitas volver
no te duermas, no te engañes
no te dejes atrapar
y a cualquiera engaño
para que me sepa actuar
que solo a mi me necesita
vos todavía podrías escapar.
que nada me tendrías que creer
solo sé pensar con mi instinto irracional.
mis pasiones son rígidas cadenas
no confieses que a ellas te querés entregar
mi devoción sabe volverse una tipa obsesiva
y mis actos de entrega se visten de paranoia
puedo revelarme si me actúan mal
el papel que vine a mirar
por miedo a que se quieran esfumar
llevando mi trono colgando atrás
esta vez regalo una advertencia:
conmigo siempre se termina por enfermar
y no te olvides que mi adicción
se llama “tiranía”
si encuentro en mis manos


Vacío, inestabilidad y una densa sensación de haber vuelto al punto de partida. Silencios que gritan pidiendo que esa perdida mirada vuelva a detenerse en nuestra dirección, que esa flecha vuelva a buscar nuestros órganos, una delicia que se ha escapado. Un mental eterno momento donde la sensación de Necesidad, eso que es lo único que logra quebrantar y empujar del trono a la independencia, eso que algunos llaman decisión propia, habiendo algunos otros que prefieren llamar Poder Sobre/De Sí Mismo, como sea, todo eso queda tirado sobre el asfalto y la Necesidad se ríe a un costado, en cuclillas, ironizando al malroto desde el cordón mientras que apoya su cara sobre sus rodillas.
Doloroso y placentero es el darse cuenta que nuestra libertad se ha ido. Por unos largos días no nos haremos cargo de nosotros mismos, le entregamos nuestro ser a cualquiera que se cruce en el tiempo indicado y dejamos que tome las decisiones sobre nuestras vidas, esas que nos cansan tanto cuando las vidas son nuestras porque andamos en libertad.
Pero el pozo oscuro todavía no ha llegado solo estamos cayendo al vacío , todavía falta el percibir, por fin, el fin.
¿Cuál es el fin?. El fin total de la oscuridad, el terrible golpe, la fractura interior llega cuando entregamos el mando y lo desprecian, o peor aún, cuando no notan que los hemos entregado. La respuesta negativa, esa que duele eternamente (en aquel mental momento) de entregar nuestra libertad y que NO nos devuelvan con la suya.
Simplemente porque nos quedamos sin nada sobre donde ejercer nuestro poder, perdimos nuestras vidas y no nos devolvieron otra a cambio. Ese es el fin.
Perdidos nos arrastramos a voluntad del que ahora aplica su voluntad sobre nuestros arrastrados cuerpos perdidos. Vacío absoluto, tormenta de sensaciones, una nube de humo tóxico para lo sentimental, y pérdida de todo, eso que el suicida dice que le han robado: las ganas de estar vivo.
Todo eso en un momento denso donde la Necesidad De Otro golpea y tortura, nuestra vida bajo nuestro mando agoniza, y solo sentimos la angustia que nos devora las entrañas al darnos cuenta que volvimos a sentir La Indiferencia. La Indiferencia de aquello que tiene en sus manos nuestras vidas y no le interesa es el golpe del fin del pozo. La Indiferencia es el fin.

Tengo un amuleto que aún tirada y lastimada me arrastra al ring, me grita que esté de pie ante el nuevo round y me avisa que hasta el próximo golpe tengo tiempo para levantarme.
Un especial amuleto enemigo que prefiere empujarme a bajar al ruedo, habiéndome incitado a afilar mi espada en sus debilidades, asegurándose de que yo sepa atravesar bien profundo a cuanto toro se me cruce.
Ha visto mi espectro flotando en la muchedumbre, lo mejor que pudo haber hecho fue lo que hizo: escupirme la verdad, que mi carne es demasiado humana para alimentar a los “divinos negadores”.
Me obliga a dejar de montar el teatro de la felicidad, no me hace chocar, me muestra que ya lo hice, porque así se percibe más, solo aprendemos dándonos cuenta que todo pasó sin habernos dado cuenta.
Un amuleto que no da suerte porque eso es para los que la necesitan, para los cobardes y para los que nunca sabrán construir sus propias armas.
Le pego gritos señaladores de sus fracasos, él disfruta sufriendo cuando le quito las vendas de los ojos, siempre me gusta hallarlo en temporadas donde se encuentra perdido y completamente vacío de certezas.
Mi amuleto sabe de mis armas pero no me las pide prestadas porque prefiere que las use contra él, sabe bien que es lo mejor que tengo, y es lo único merecedor de brindarle.
Me hace recordar que jamás manejaremos nuestras vidas, pero que tampoco es digno entregarle el mando a otro, nunca nadie se lo merecerá.
Un amuleto que digo que es mío pero que no pertenece, eligió la libertad de saber que siempre de algo dependerá, esa es su fórmula para pelear por ganarse su tan ansiada trasgresión.
Sabe hacerme pulir la artillería y preparar las pociones venenosas para que me fusile o intoxique si me freno en la plaza de los necios y cobardes.
Este amuleto quiere vivir otra vida conservando su identidad perdida, no le gusta la luz del día pero tampoco se deja guardar en el bolsillo.
Nuestros encuentros son en campos silenciados, nuestras charlas son debates, nuestro lenguaje son las equivocaciones y nuestros chistes son discusiones.
No me brinda caricias ni piropos baratos porque detestamos la compasión, nos negamos favores, desnudamos nuestros egoísmos porque nos gusta la guerra y nacimos para las batallas
Es el enemigo más cruel que encontré, su hobbie es contradecirme, mostrarme qué equivocada estoy, cuánto me falta para superarme, y qué lejos estoy de salir del barro de la comodidad.
Con su apariencia de oscuridad este amuleto sueña ser el héroe muerto de generaciones por venir, todavía me pregunto si a eso se debe el misterio que emana su detallista y minuciosa mirada.
Así nos castigamos, así nos fortalecemos, porque este amuleto no tiene piedad, porque es el único enemigo que haré feliz cuando muera por vivir desencadenada.