23.4.09

The Wrong Way Round

Sé que es la historia que estoy creando, y sé que muy probablemente, no coincida con lo que precariamente se llama real, solo tomé algunos de sus capítulos y los poeticé, lo sé, pero no puedo dejar de creer. La voy volviendo cada día más tenebrosa, complicada y turbia, siempre más combatiente y hambrienta, muerta de sed de más muerte. Sobre todo, cada día la interpretación de los encuentros y desencuentros con algún espejo se torna más hundida y circular, hasta que no me permite pensar en soluciones, conformándome con un grito, vencida por alguna explicación. Cuando más claro veo todo, cuando resuelvo absolutamente convencida que la historia se trata de esto, y que esta vez no es mi invento, resulta ser que es cuando más lejos me encuentro de lo que pasa. Necesito el golpe, el rugido tronador del espejo, pero un espejo sin su disfraz, una verdad bien arrancada, del filo del espejo, que provoque un efecto similar al del chasquido, para que todo mi encierro en la ficticia narración se desvanezca, moribundo. Momentos así quedo quebrada, se vuelve más espantoso, pero a la vez más aliviante, incluso creo q la realidad de los hechos es tan simple que me resulta aburrida, y es ahí cuando quisiera volver a creer en mi creación, no es esperanzador lo que se ha desanudado.





Es un delirio, y mientras creas, seguirás en él.
Eso esta claro, ahora la pregunta será por esa realidad oculta a tu narración,
Es la verdadera historia la apasionante?
No sé si tendrías a dónde ir si tu imaginación se silenciara.

14.4.09

Perdónami

Me pido disculpas,
si es que alguna vez me dejé volver
y revolcarme entre la basura.
Perdón a mi,
si es que se me pudrieron las zuelas
chapoteando entre el agua sucia de los recuerdos borroneados.
Me pido disculpas,
por no dejarme caer
Me pido disculpas,
por no quererte otra vez.




7.4.09

Perder y ganar







La pérdida es ganancia porque ya no quiero compartir el juego, estoy a un paso de salir de él, o de hundirme en sus círculos eternos. Lo siento llegar, voy perdiendo el trote, voy bajándome del vaivén adrenalínico de la paranoia que tus silencios e ignorancias me producen. No estoy sola hoy, hoy estoy conmigo, hoy me tengo a mí, y hoy no quiero regalarme a cambio de compañía vacía. Nadie vendrá por mí, nadie nunca volvió por mí, no tengo razón alguna para creer que esta vez será distinto, que vos seas alguien distinto, o que yo haya cambiado mi manera de echar a palazos todo aquello que sé que quiere retirarse de la partida. Voy a sentarme contra la pared y de espaldas a vos, voy a pensar todas esas cosas que no sé decir, que rondan mi mente invadiéndole todos sus espacios, que no se quieren formular, ni quieren ser dichas, ni olvidadas, que me gritan que corra, que es tiempo de huir. Se supone que todo seguirá su curso, vendrá lo oscuro y luego invadirá la luz, voy a sentirme libre de tormentos, voy a mirar atrás con odio y un tiempo después, sentiré nostalgia, encontraré mis ofrendas en el placard, esperaré por alguien más, o tu vuelta, o mi vuelta, hasta que de repente un día encuentre tu persona en la calle, te sonreiré pensando en cuando me hacías el amor, me daré vuelta y seguiré caminando imaginando tus ojos detrás de mi. La verdad es que me doy cuenta que no sé dejar todo atrás, nunca lo hice con nada, no creo que pueda esta vez, más allá que de porfiada lo vuelva a intentar. Lo que sí sé es no confundir que hoy no está, aunque sí viva conmigo, no está en mí, porque yo estoy conmigo, aunque me veas sola. Más vale que también pienso en que no sabés caerle bien a la insensibilidad, que no sos inmune a la gris sensación del vacío, quizás no te vayas de acá caminando con la mirada perdida y los ojos inundados, pero eso no dice que no te vayas de acá siendo un hombre triste y sin mi. Anoche decíamos “un egoísmo necesario para sobrevivir”; lástima, no es más que el engaño que se necesita para no ver cuánto miedo es el que nos está invadiendo, nos ayuda a creer que lo vamos a exterminar, empezando por nombrarlo egoísmo, luego saliendo de donde estemos. El miedo disfruta el seguirnos a donde vayamos, a donde estemos ocultos, no le cuesta nada, y sabe muy bien que aún ninguno sabe estar a salvo de él. Por él anoche decíamos lo que decíamos, por el miedo anoche no me moví, porque tuviste miedo me quisiste correr, y porque tenés miedo hoy estás acá, sin mi, porque yo estoy sola, conmigo, porque no puedo detenerme estoy conmigo, y porque no sé olvidarme de vos estoy sola, conmigo diciendo que odia saber que si me podría olvidar de vos, ganaría perdiéndote.

4.4.09

Adoquines en la brisa

Se encontró mirando su rostro en el espejo, estirando sus ojos, maquillándolos, se lavó los dientes, hasta quedar perdida entre los recuerdos, con la mirada fija en el espejo y ya sin ver su cara. Apuró el brillo en sus labios y salió del baño; sus pies a penas separados se afirmaron en el centro de la habitación. Alrededor todo se veía apagado, y sus bolsos señalaban su nueva huída, su nueva herida indeleble. Prefirió dejar uno de los bolsos, ya imaginaba el dolor mezclado con cansancio, y sus pertenencias no tenían suficiente importancia, mucho menos hoy, mucho menos ahora, yéndose de León, o mejor, arrancándose a León.
Caminaba apurada por el frío de la mañana, aunque de todos modos no tenía otra forma de caminar, siempre Renata apurada, sin saber esperar, ni siquiera por un paso sabía esperar. Hizo siete cuadras y finalmente decidió el rumbo. Ennegrecieron sus ojos verdes, y su expresión se volvió cada vez más desafiante, los borregos negros golpeaban el aire, agitando el tapado antiguo y descolorido, Renata era una llama directa hacia el incendio.
Su cara rígida observaba el timbre del séptimo “A”, respiraba agitada, cegada de odio, herida hasta las neuronas, con esas lágrimas imposibles haciendo cortocircuitos en cada uno de sus pensamientos. Cerró los ojos, recordó el espejo y esta vez vio su cara, su expresión rendida, sus gestos de dolor. Como un felino se agazapó, como una fiera otra vez atacó; apretó rabiosa y sin escrúpulos el timbre, corriendo a la calle.
León ensayaba fórmulas en su computadora, su día era de esos sin sentido y entretenidos, divagando en informaciones de fácil olvido y poca importancia para la difícil vida misma. Olía el café pensando en la extraña ausencia de Renata, su peligrosa falta y su amenazante calma. Cada vez que su imponente nombre tomaba presencia, su nombre que tan bien encajaba en su imagen de alteridad y soberbia, en su espontaneidad despreocupada, cada vez que Renata sonaba, se escuchaban todos sus ruidos, León los sabía disfrutar, él se sentía vivo en ellos. Esos gritos crueles y descabellados que ella tenía, a su vez lo mantenían alerta, Renata no era un lugar donde descansar, y su presencia era excluyente respecto a la paz.
Su café quedó igual de aturdido cuando León se sacudió con el punzante timbre, apoyó la taza sin saber dónde y gritó al portero eléctrico: “Sos una hija de puta, Renata” .
El grito no fue suficiente, nadie contestaba, León dejó colgando el tubo callado, se asomó al balcón para encontrarla, como sabía que ella iba a estar.
Desde abajo Renata le sonrió y se agachó, León se preocupó. Ella sonreía con su torso encorvado, con la mirada ciega, él se asustó sin entender aún de qué, pero teniendo muy en cuenta de quién se trataba.
“Si voy a ser una de tus putas, al menos quiero ser la que te salga más cara”. Sus manos lanzaron un violento adoquín, destruyendo en irreparables pedazos el parabrisas de León, dejando su locura fuera de todo límite, allí donde ella la prefería, bien delante de los ojos del amo.

1.4.09

Hoy no será posible



Dijo que fue pisado, pero aun debo pesarlo, no sabre si fue cierto, no interesa porque es la imaginación la que se siente real. Ni hago el intento de entender un “no sé”, cuando busco una respuesta, cuando estoy entregando un escenario, donde estoy esperando el circo. Será extremadamente pasional, o un eterno desquicio, de querer que todo sea rápido, para que cause más dolor, aunque se excuse por lo contrario. Miro al colchón desordenado, metáfora del suceso, disfraces del huracán. Podría levantarme y ordenarlo todo, hacer una llamada y cegarme para seguir por más, podría hacerlo todo como quisiera. Sigo haciendo lo contrario, me alejo en silencio y pienso, no es otra cosa la que quiero hacer, o serán solo más límites de la moral. Hará 20 minutos, todo era especial y distinto, brillaban miradas, se incendiaban pieles y olía a sonrisas por doquier, creíamos en eternidades, hasta hace unos momentos, vivíamos durmiendo soñándonos. El odio seria preferible a la compañía de la vida muerta, de las apagadas luces de lo único. “No es lo que había sido”, me repite insistente, corriéndome con su amor desesperado, como un niño sintiendo un cercano abandono, con los ojos temerosos por el espanto de los fantasmas. Se fue rogando un perdón sincero, pero a mi lo que me importa es que se fue, que no está acá, y que no ha vuelto para ordenar el metafórico colchón, ojala no supiera que lo sabe. Claro que le creo, creo en sus ojos, jamás miente el cuerpo ante el cuerpo, yo creo en que todo cambió desde aquel tiempo. Quisiera no conocer el ayer, olvidarme rápido de lo que firmemente debería no recordar, sombrear los eslabones descarrilados, los que faltan a la verdad de la historia, los que desobedecen a mis sueños. Escucho sus pasos, y sin embargo no dejo de sentir que no vuelve, y sin embargo no debería volver, y sin embargo yo no debería esperar que lo haga, y sin embargo no dejo de desearlo. Tampoco puedo evitar el olor a bazofia convencional, a leche de noche, a vuelo bajo y ese terrible pesar de las alas aceitosas.