Es un delirio, y mientras creas, seguirás en él.
Eso esta claro, ahora la pregunta será por esa realidad oculta a tu narración,
Es la verdadera historia la apasionante?
No sé si tendrías a dónde ir si tu imaginación se silenciara.
Dijo que fue pisado, pero aun debo pesarlo, no sabre si fue cierto, no interesa porque es la imaginación la que se siente real. Ni hago el intento de entender un “no sé”, cuando busco una respuesta, cuando estoy entregando un escenario, donde estoy esperando el circo. Será extremadamente pasional, o un eterno desquicio, de querer que todo sea rápido, para que cause más dolor, aunque se excuse por lo contrario. Miro al colchón desordenado, metáfora del suceso, disfraces del huracán. Podría levantarme y ordenarlo todo, hacer una llamada y cegarme para seguir por más, podría hacerlo todo como quisiera. Sigo haciendo lo contrario, me alejo en silencio y pienso, no es otra cosa la que quiero hacer, o serán solo más límites de la moral. Hará 20 minutos, todo era especial y distinto, brillaban miradas, se incendiaban pieles y olía a sonrisas por doquier, creíamos en eternidades, hasta hace unos momentos, vivíamos durmiendo soñándonos. El odio seria preferible a la compañía de la vida muerta, de las apagadas luces de lo único. “No es lo que había sido”, me repite insistente, corriéndome con su amor desesperado, como un niño sintiendo un cercano abandono, con los ojos temerosos por el espanto de los fantasmas. Se fue rogando un perdón sincero, pero a mi lo que me importa es que se fue, que no está acá, y que no ha vuelto para ordenar el metafórico colchón, ojala no supiera que lo sabe. Claro que le creo, creo en sus ojos, jamás miente el cuerpo ante el cuerpo, yo creo en que todo cambió desde aquel tiempo. Quisiera no conocer el ayer, olvidarme rápido de lo que firmemente debería no recordar, sombrear los eslabones descarrilados, los que faltan a la verdad de la historia, los que desobedecen a mis sueños. Escucho sus pasos, y sin embargo no dejo de sentir que no vuelve, y sin embargo no debería volver, y sin embargo yo no debería esperar que lo haga, y sin embargo no dejo de desearlo. Tampoco puedo evitar el olor a bazofia convencional, a leche de noche, a vuelo bajo y ese terrible pesar de las alas aceitosas.