11.4.10

Encuentro terminal



“Treinta y cuatro boleterías con trescientos destinos cada una y yo sin tener ni a dónde ir ni a dónde volver- La vida siempre tan simpática”. Renata hizo una mueca de ironía y caminó observando los carteles con infinitas listas de lugares presenció el robo de un bolso señorial y se acercó a la ventanilla más próxima pensando cuán decadentes eran las terminales. Leyó el cartel en la camisa adulta del joven empleado, lo miró paciente y cansada.

- “Resulta molesto exponer tu nombre a un montón de gente indiferente.”

- “¿Cómo? – Luciano se mareó ante tan improvista verdad – Sí, creo… es incómodo, ¿por qué lo dice? – contestó inseguro y confundido –

- “Porque entiendo de colgarte carteles y que sean mal leídos. Quiero un pasaje para un micro que salga ya – lo pronunció con firmeza, volviendo enormes sus ojos – Ni se te ocurra informarme el destino, solo la plataforma en la que subo”.

Ocupó su asiento, colocó sus auriculares y se descubrió ansiosa por ver la nada de la ruta, la escasez de la gente, se encontró apurada por dejar atrás a León, a todos los problemas mentales que le disparaban su presencia, su ausencia y el sonido de su nombre. Pensando en todas las razones porque lo odiaba, recordó el último encuentro, tan violento y terminal, y como de costumbre… no pudo contestarse por qué elegirlo a él.



Poder



Yo creo, con mi men

te, con el dejarse creer.

Construyo y hago existir lo que creo.

La cuestión de nacer, la cuestión de la vida y

de la muerte radica en creer una explicación,

una forma inventada de fe en la creación.

Recordando que es pertenencia podemos

darle una forma, teniendo presente que

somos los amos de nuestros ojos

logramos dibujar un paisaje, borrarlo

y continuarlo cuantas veces nos dejemos caer.

Bien abajo hasta el no creer,

parar crear algo nuevo,

para hacer existir el paisaje

en el que seguir creando el poder de creer.






Hallazgos académicos

"Hacer letra
es poner de manifiesto
el malentendido
y de ningún modo
domesticarlo"

(un libro)