31.10.10

Acomodando



No sé nada de
respetar las normas de convivencia; 
además,
frecuentemente las confundo con cárceles, 
y siempre provoco huracanes. 
Esta vez,
al fin, 
la violencia fue el remedio de un síntoma tan silencioso como abasallante,
tanto como invencible. 
Si bien no justifico cualquier forma de violencia,
es hoy a su merced que pude salir,
que ahora estoy afuera, respirando un aire
que no quema. 
Fue agredido y me agredió, 
pero aún así 
lo nombro Salvador, 
sin su ataque de lobos y perros 
no podría estar viendo el sol, 
bien lejos
de nuestras manadas.



20.10.10

Negación

Este año la tenés fulera, eh!. Desde que era una nenita ya se te complicaba para asistir; corriendo con el negocio, los amigos, las mujeres y/o la plata. Pero la plata como medio para las pasiones, y en todo caso, el deseo iba por la búsqueda de dinero, más que por su posesión. Que de hecho, fue un estado que poco y nada has alcanzado vez alguna. Pero ahora sí, te quiero ver (en todos sus sentidos) cómo la manejás este año, que por primera vez NO ESTAS. La verdad que me lo estás cagando. No, no es tu culpa, seguramente no es lo que querrías, pero me la jodiste. Sí, ya sé que vas a estar, que me escuchás, que podés acompañarme, y todo, pero seamos realistas, no vas a estar y me duele tanto como a vos. Se nos complica, además, porque en esto somos novatos, digo, en esto de estar separados físicamente, o en esto de que ya no vivís. Bueno, tampoco me salgas con que estoy dramatizando, si es una realidad: no estoy siendo la persona más felíz del mundo, aunque nunca lo haya sido. Por suerte no debe exisistir tal persona y si existe, además de ser la más felíz, debe ser la más solitaria. Aún así, digamos que "le meto para delante" como decís vos, aunque bien en claro tengas que no está resultando todo muy simple desde tu ausencia definitiva y eterna. Sí, me lo habías dicho y todo, pero además de habérmelo advertido tendrías que haber hecho las cosas por derecha, como debías, sobre todo el tema del papelerío y las deudas. Con qué necesidad no pagar los impuestos municipales desde el 92? o decime, ¿no te suena algo llamado semáforos, carteles de señalización y lugares donde no se puede estacionar? ¿sabías de su existencia? Creo que solucionar todo eso antes de irte hubiese sido mucho más colaborador de tu parte, posta. No, no me mirés con esa cara de que no tuviste la culpa, no me inventes los motivos tan lógicos que tenías para semejantes quilombos, y tampoco te olvides que fuiste cómplice de las creaciones humanas que dejaste acá. Igual, como decimos siempre, no está muerto quien pelea, asi que voy a intentar solucionarlo, y no perder lo que amamos,  me puede salir bien, mal, antes de quedarme preguntando... total el muerto acá sos vos. Ja. Era un chiste, no te hagas el ofendido. Bueno, me tengo que ir a estudiar, mañana hablamos, un beso grande a la Titi, contale que hoy fui a la peluquería, me quedó divino. Bueno, bueno, ya corto, chau

17.10.10




¿Podrías recriminarle algo?
No te permitas ser tan grosero
Si donde siempre permaneció
fue, es y será el cambio
el único que le dió un lugar


Aunque piense mucho que no
sabe lo que hace
capáz lo va a hacer mal
pero se va a ver muy bien
porque todo lo que ella hace
se ve encantador
aunque esté muerto

Adaptación
readaptación
casa y cama nueva
los lugares preferidos
las personas descubiertas
todo descartable
para que no duela







15.10.10

Mejor despierta

Después de varias horas de gritos y de golpes, yacía tranquilamente dormida, aunque nunca del todo, al menos un poco alerta siempre debía seguir. Lo confesaba el ruido de sus dientes raspándose violentos unos a otros, como queriendo alertar que no estaba completamente indefensa, ni mucho menos en plena paz.
León la sentía con los ojos cerrados, acariciando su extraña belleza, su piel tan blanca como rígida, siempre helada, porque el cuerpo de Renata desconocía lo que no era frío, porque Renata nunca había sentido la temperatura ambiente, porque en su vida todo ardía o moría congelado.
Imaginó el momento de terror, aquel en el que ella se aburriera y se escapara, ni siquiera un portazo le regalaría. La vió sonriéndole con lástima disfrazada de ternura. Comenzó a temblar al verla bajar por las escaleras sin un gramo de dolor. Aquel día en el que Renata se iría, León lo sentía cerca, acechándolo en cada noche, sobre todo en las que ella se dormía desesperanzada, cuando rechinaba los dientes; y aún más peligroso lo sentía en esas mañanas en que ella se despertaba contenta, ilusionada con algo... que sin duda, no era él.