No todos muestran las manchas oscuras como lo hacía el corcel blanco con el que soñaste.
Ni todos se empalagan con tu deseo de poseer, lo que él tiene o lo que él es,
pero ante todo, es momento de que entiendas: te tiene, de cualquier lado de donde lo mires,
todas las perspectivas muestran cuánto le pertenecés.
Que siga firme a la devoción de tenerte es la única forma hoy visible de que no te vas a extraviar de vos.
La desesperación de la inseguridad silenciosa no figuró en la fantasía de aquel corcel de alas como refugios,
y sin embargo tampoco renunciaste, aún seguís espiando.
Si sus manchas de oscuridad son reales, bien sabés que es tu labor averiguarlo,
que este no es un sueño, este no es aquel corcel blanco y no dirá si se ha ido,
no sabrás si te has perdido, ék no va a hablar porque también te pierde si te pierde,
no lo hará por muy extraviada que de lejos te vea.
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