10.5.08

Imagino.. fantaseo que...



Bajo las escaleras, pensando qué me olvido detrás, intuyo que voy a recordarlo cuando ya no tenga ganas de volver. Mientras mis pies se apuran en bajar escalones uno antes que el otro, voy poniéndome los auriculares, y al momento siguiente estoy abriendo la reja, atravezándola. En el mismo instante estoy pensando la frase que cantaron: “cuanto más alto trepa el monito, así es la vida, el culo más se le ve”. Me pregunto si llevará algún paréntesis en el medio; alcanzando claro, ya la esquina. Me aseguro a mi misma que en este recorrido voy a prestar atención en dónde piso, momento siguiente lo olvidé, momento siguiente una baldosa floja (quizá la de siempre) me lo vuelve a recordar. Suelo buscar el espejo, es decir, me busco para conocerme en esas puertas espejadas. Pronto me intimidan las demás miradas, creo que piensan, y creo que piensan en cómo me busco al espejo, me persigue; hasta que lo olvidé. Me imagino viéndome desde el banco de la plaza de en frente, o desde la pizzería, mirando cómo camina esa chica; al siguiente respiro recuerdo la posición, y cuánto me duele la espalda. “Debería hacer algún ejercicio – reflexiono- bah! Yo estoy para otra cosa” . Ya olvidé el tema. Recuerdo que tengo que mirar a los costados cuando estoy a mitad de la calle, y la horrible escena de la película de anoche vuelve a mi mente. No sé todo lo que pasó, no sé qué me crucé en el transcurso, pero me encuentro sentada sobre asientos públicos camino a la facultad. ¿En qué momento saqué el boleto?, ¿habré gritado al agradecerle al chofer?. El frecuente problema de escuchar muy fuerte la inevitable canción. De pronto todo se interrumpe. ¿qué es esta sensación? Algo físico, pero sin ninguna relación con mis órganos. Mmm... creo que no existe porque no lo puedo nombrar. Mejor lo confundo con eso llamado “presentimiento” y calmo la ansiedad de no encontrarle el nombre. Bajé apurada, no solo recuerdo la hora, también las fotocopias, de ahí a la desesperante espera de la fotocopiadora a esta hora, todo termina coincidiendo, el principio es el final, obviamente pienso en el esperado viceversa. “María”. Me suena, y aunque es mío, no me doy por aludida. Escucho pasos, retumban en mis pies. Una figura totalmente nueva, absolutamente familiar que me está diciendo: “vos te llamás María”. Sonrío, pero también levanto mi ceja respondiendo que no, que soy Mora o Maru. Vuelvo a sonreír, y giro, subo los escalones, freno. Freno y vuelvo. Vuelvo y pregunto: “¿vos sos Federico?”. El tiempo que transcurrió el espacio de la pregunta fue exacto para analizarlo, disfrutar su imagen sin intimidarlo. “No, y no lo vas a saber hasta que lo nombres”. Listo, perfectamente encontrados, prendemos un pucho, caminando hacia el río.