Entre la sangre de mis sueños acolchonados, mis alas negras quedaron por el piso, un cuervo de alas mojadas me volví. Pecados sin culpas cayendo sobre mi lomo, como un pasado, como el fin del vuelo. Victima sin asesino ni ladrón, mendigando calmantes, escupiendo a la piedad, sigo siendo victima aunque ya no sé de qué. Negando el perdón, existe el delito, sigo sin encontrar la paz que implica culpar y castigar, he olvidado responsabilizar al exterior. Alimenté tus bestias solo porque son tus virtudes, solo porque son tuyas, solo por respeto. Como un personaje de cartón volteado por un débil soplido, siempre engañando al enemigo, perdiendo el tiempo en disfraces, como una roca debí continuar siendo. Quiero volver a ser un cuervo negro de garras cizañeras para atacar antes de temer. Pasaré largos ratos en la oscuridad y el silencio, un autismo sanador me dará el tiempo necesario, un autismo sanador congelará el incendio y quemará el derrumbe. Otra vez mi soledad me interroga por despecho, tan irónica me pregunta porqué la abandoné, tan inteligente me asegura que muy mal elegí. Sus caricias son heladas pero sus soplidos fríos me refugian del engaño y los teatros de lograr imposibles, de creerse dignos de abandonarla, de confiar que ya no estamos solos. Habiendo caminado entre la bazofia de las mentiras, hubiera preferido seguir en el ataúd a sentirme agitada de tanto pulso, de tanta electricidad. Mis peores modales se sienten defraudados, solo quedó mi esencia de niña lastimada por sus propias ilusiones de dejar de serlo.
Será Mejor Así.
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