
Tu voz retumba en mi cabeza, seguro porque hace mucho que no te escucho, no quisiera querer dejar de oírte, como si todavía existiría el “no pasó tanto”. Pasó tanto que a tu perfume lo olvidé, al igual que tu piel, un poco más quizás. Con tus ojos me veo seguido, con ellos me critico, con ellos me perfecciono. Sin embargo cuando miro tus ojos, cuando me los encuentro con los míos puestos, los piropeo, les digo que son ojos muy cálidos; siempre que termino de decirlo, los beso y me voy pensando en ellos. Hasta que vuelvo a buscarlos, o simplemente los encuentro junto a mi, como custodiándome, como si quisieran hacerme creer que vos todavía andas por acá, como si quisieran hacerme creer que no te olvidé. Ya no les creo nada, son solo ojos presumidos, solo me acerco a ellos cuando tienen alguna utilidad, de lo contrario prefiero el exilio. Tus partes, o solo las que recuerdo, cuelgan a mi alrededor, entre otras partes, que no son tuyas, tampoco mías, son otras que también robé. A tu boca la besaría en cada uno de mis recorridos, recorridos lentos hacia otras partes, unos brazos que encontré, unos brazos que robé. En mi trinchera, pero sin olvido, están tus manos, entre bocas que robé por piedad, una cortesía de mi parte para los que no me mostraron alguna utilidad. Con tus manos me divertí, también me escondí, pero demasiado abajo, me llegó a dar fobia salir de allí, su utilidad se hizo necesidad, y la necesidad jamás será servidumbre. Por eso mejor dejarlas en el sótano, hay que protegerse de la protección ajena, te hace creer que vos solo no podes. Temblando paso por tu cuello, está en cada esquina de la habitación de mis tentaciones, tiemblo porque siento miedo de mis tentaciones, me suenan a juegos de poder, los reconozco y les temo. En la habitación de mis tentaciones, todas las partes robadas que cuelgan ahí son perfectamente suaves, hermosas, delicadas, partes que tanto me gusta lamer. Hace un tiempo voy una vez por semana a ese paraíso, los jueves paso a oler una delicia, una sangre violenta que me encanta beber. Me estuve entreteniendo tanto emborrachándome con esa bebida ardiente, que olvidé que no te quería olvidar, o quizás olvidé que te quería esperar. Una última confesión, la última verdad: aunque me divierta, tiemble, sienta, beba, sufra, sonría, vuele, huela, salte, salga, vuelva, grite, parezca, escape, entre tus partes colgadas, entre mis pertenencias robadas… solo espero al hijo de mi soledad.
1 comentario:
"en la habitación de mis tentaciones"
Publicar un comentario