- ¿Por qué?
- ¿Por que qué?
- ¿Por qué me gusta tanto pasar todas mis noches con vos?
- Porque los días son tuyos, y tus noches son mías.
- ¿No será el olor de tu cuello lo que me detiene acá?
- No solo eso, sino que también de día querrías estar trepado a mi espuma.
- ¿Cómo puede ser?
- ¿Cómo puede ser qué?
- ¿Cómo puede ser que todo el universo se encapsuló en este colchón?
- ¿Cómo? Cansándote del mundo que no respira, a excepción de que suspiren por algo material. ¿Cómo? Queriendo vivir de placeres, así pudo ser.
- Mira si algún día tengo sueño y no te encuentro para irme a dormir, ¿tendría que vivir despierto por siempre?
- Jamás vas a dejar de dormir, siempre vas a tener sueño, simplemente porque nunca existe el “algún día” y nunca estuviste despierto.
- ¿Qué?
- ¿Qué de qué?
- ¿Qué tenés debajo de la piel que me clava en ella en cada minuto del reloj de mi finitud?
- Un mar de preguntas a formular, una torre de inocencia a descubrir, una mansión de rincones a revolver, y litros de la bebida que tomás para sentirte vivo. ¿Qué tengo debajo de la piel? A vos.
- ¿Y si mañana entra el sol furioso de envidia por tanta luna y te convierte en ceniza?
- La carne se pudre, no solo se quema, lo que nos da el tiempo a escapar a los recovecos de la pasión que es lo que no tiene tiempo. Mañana nunca estará más que por venir. Mañana siempre será mañana.
- ¿Quién?
- ¿Quién hizo que esto suceda?
- No, ¿quién sos?
- Soy la mujer que encontraste en la estación de servicio, vendiendo a los ciegos los anteojos del capitalismo, la que te hizo rodar sobre sus pestañas hasta caer sobre sus almohadones, te quitó los anteojos a cambio de caricias, las que nunca pudiste dejar de lamer. ¿Quién soy? La mujer con la que dormís abrazado todos los segundos de tu existencia.
- ¿Es probable que nunca deje de pedir siempre más, que cada vez mi piel grite más fuerte: “¡eternidad!”, que mis brazos no vuelvan a querer despegarse de tu cintura?
- Tus brazos tienen la curva de mi cintura y es por eso que no sirven para nada más, por eso es que esta piel es tu eternidad, porque vivimos para siempre más.
- ¿Hasta dónde?
- Hasta ser ceniza, luego aire, luego lluvia, para ser tierra sembrada, hasta volver a ser carne. ¿Hasta dónde? Hasta traspasar la vida.
- ¿Quién soy?
- Sos mío.
1 comentario:
Realmente, este me ha gustado mucho. Un díalogo enteramente lisérgico.
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