
No debo dejar de obligarme a exigirte que no compliques mi existencia, que no me permita dejarme hundir en ese hoyo oscuro de la espera desesperada que tanto tiempo me mantuvo paranoica. Lo importante sigue siendo no mentirnos ni engañarnos con lo que somos, por eso es que tanto asusta saber que querés más de lo que te muestro creyendo y confiando que te vas a largar. Sorprende y aterroriza cada vez que sin pretenderlo te echo, o te invito sutilmente, y sin quererlo, a que te retires de esta historia, y más te gusta quedarte, y más me gusta que te quieras quedar habiendo oído lo peor. Sigo porque confío que esta vez me enamoraré de mí misma, freno porque no quiero perder la calma, porque no me quiero apurar, porque no quiero correr aunque sienta la necesidad de huir, y dudo porque las brazas se apagaron, y el nuevo fuego está creciendo, continua vigilancia para que no se convierta en incendio interior. Reconocí muy rápido lo que puede implicar mantenerme cerca de quien me da lo que me complementa, pero la conexión es nueva, mi cambio está de estreno, mi pasado ya es experiencia, y esta sensación nunca antes me apuró. Evito a cada momento el abrumar, el asfixio, los forcejeos, las insistencias, y las restricciones, esquivo las imposiciones y valoro al deseo, prefiero la sorpresa, la elijo junto con lo que no me lastima. Inevitable, por el contrario, es escuchar que algo golpea la puerta de mi escondite, me empezó a pedir permiso, y si pronto no me decido va a entrar de manera brutal. Mi duda y mis preguntas comenzaron a pisar un poquito más firme, fue en el instante que percibí que te habías olvidado de mi carne, y solo buscabas la atención de mis pupilas. Sé que es el momento, sé que es el espacio, sé que sos el personaje que necesitaba para esta nueva obra de mi teatro, pero intuyo que pronto dejará de ser nuestro tiempo, que violaremos nuestros límites sensitivos, que buscaremos poseernos, usurparás el timón de mi vida, y que dejaré de ser yo para poder ahuyentarte. Me aterra porque no me resultó liviano dejar el vicio, pero me tienta este nuevo placer, pareciera distinto al nocivo, y se siente tan adictivo como el dolor. No quiero que nos destruyamos, no quiero que ese sea el precio de compartirnos parte del camino, creo poder ingeniarme una nueva fórmula, pero si falla este será el final, y el principio de la infinita repetición. Si el golpe de la puerta no sonase tan cerca, si me siguiese tentando solo con tu cuerpo, si no estuviese sintiendo que diste un paso más cuando te lo propuse sin pensarlo, si no encajaríamos tanto, no tendría de qué preocuparme, pero tampoco tendría por qué escribir.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario