.
Golpes de realidad, escapes ineficaces, soluciones tardantes, ansiedad de libertad, rumbos desaparecidos, confusiones reinantes, gritos presionados, más y más golpes. Con palabras todo estalló. Caí lejos y lastimada. Lejos. Lejos. Muy lejos del egoísmo ciego, lejos de la violencia sin censura, lejos de la cruda penumbra de la infancia en soledad. Horas, días, horas, años, horas, meses, horas de pensar cómo contraatacar, sabiendo que no había ganado, pero tampoco había huido. Indelebles y sagradas cicatrices que señalan el rumbo contrario, el espacio donde se encadenan los milagros, el negro paisaje de pertenecer al suelo, cicatrices que prohíben olvidar de donde vengo, indicando dónde dejar de regresar.
En la distancia presiento que no enfrento, solo miro mis moretones, preocupada por mantener cortantes mis palabras para cuando las tenga que hundir en pieles venenosas, aunque no sean del verdadero enemigo, es su culpa que entre en relación. Sonrío y grito: “que bueno que todo estalló!”
No hay comentarios.:
Publicar un comentario