
La Reina sus manjares le brindó, el más confortable lecho le preparó, las más armoniosas poesías le cantó, sus mejores vestidos le obsequió para que la despreciable mendiga corra por las sombras gritando que ella los diseñó. Una cobarde que embriagó de lealtad, una torpe que no dio cuenta de lo víbora que resultaría su Majestad. De víctima indefensa le convenía seguir actuando, porque de tanto joder, a la jueza puso histérica, y después de un buen baldazo, la encadenó a la silla eléctrica. Una escolta de bandera pirata que por la proa el capitán tuvo que empujar. Mordió la mano y ahora el amo la va a enroscar, la va a marear, la va a rodear y sola como un perro se va a derrumbar. Una putita con poca calle se enamoró de quien dijo ser ventaja, se durmió y a destiempo la Madama a latigazos y sin navaja tiró su cuerpo a la zanja. Una pequeña pulga que demasiado alto saltó, tanto y tanto que al gato fastidió, quien de un solo zarpazo la atravesó. Fue muy poco astuta su traición, se intentó erguir y así perdió la protección, ahora la reina goza de verla perdida en su desesperación. Así desterrada de las profundas tinieblas anda dando pena en las puertas de un vulgar y soleado palacio, busca auxilio porque necesita ampararse del sadismo de su artífice. Tanta ingratitud sangró la herida en la deslumbrante Creadora, su ira avivó a penas dio cuenta de su equivocación, se desenterró el puñal del pecho y esto escribió.
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