15.5.12

Fire

Quisiera hacer de esta una carta de despedida. Saludarte como a un cercano amigo y cerrar la puerta. Solo pensando hacia dónde queda el camino a seguir. Voy a decirte que los tiempos buenos fueron brillantes, que me llegaron mucho mas hondo que estos actuales, los tiempos de la nada. Haré el análisis sobre lo aprendido, sobre lo perdido y lo que faltó, eso que siempre esperé que pase con nosotros. Quizás, si hubiese pasado no te escribiría este simple y liviano "chau". Puede que también te deje algunos reclamos y varias quejas, eso porque las ansias de libertad me enceguecen y apagan todo intento de nostalgia o ilusión. Lo que sigue es un poco de veneno, te voy a hablar de nuevos nombres, de ojos resplandecientes, de sexo encendido, y por qué no de viejos recuerdos con los que salgo a dar unas vueltas, mientras dormís en tu silencio. De todas maneras y a estas alturas, lo que haga con mi cuerpo y su provocación está lejos de ser objeto de tu interés, mucho menos importante que cualquier otra cosa de este mundo indiferente, al que pertenezco sin alguna explicación. Puede que después de la parte venenosa terminemos un poco ensangrentados, con algún que otro rasguñón ardido. Eso nos hará olvidar por un rato de nuestras ganas de huir, nos golpeará fuerte, dejándonos con nuestras cabezas gachas y las miradas en los zapatos. Van a pasar miles de imágenes en un vaivén de buenas y malas, hasta llegar a la escena viva, esa de vernos sentados. Despidiéndonos. Ahí es cuando vamos a levantarnos y encontrarnos con los ojos del otro, con las expresiones aterradas, por ese silencio crudo con el que nos golpea el fin.


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