31.10.10

Acomodando



No sé nada de
respetar las normas de convivencia; 
además,
frecuentemente las confundo con cárceles, 
y siempre provoco huracanes. 
Esta vez,
al fin, 
la violencia fue el remedio de un síntoma tan silencioso como abasallante,
tanto como invencible. 
Si bien no justifico cualquier forma de violencia,
es hoy a su merced que pude salir,
que ahora estoy afuera, respirando un aire
que no quema. 
Fue agredido y me agredió, 
pero aún así 
lo nombro Salvador, 
sin su ataque de lobos y perros 
no podría estar viendo el sol, 
bien lejos
de nuestras manadas.



No hay comentarios.: